
Pedimos desde ya su destitución
Una casa sin un gato, un bien alimentado, bien cuidado, bien reverenciado gato, puede ser una casa perfecta, pero cómo puede llegar a demostrarlo? - Mark Twain
"Cuando era niño me gustaba la caza. Un día maté una perdiz. Y me curé. No he olvidado su agonía, cómo por mi culpa se extinguió una vida". El hombre hizo una pausa y prosiguió, con los ojos clavados en el camino: "Pensará usted que a qué viene que un taxista le cuente estas cosas, que lo mío es permanecer callado. Pero la he oído comentar ese asunto con su amiga, y no puedo dejar de meterme. Perdóneme, pero no tengo con quién hablar. Mis hijos van a lo suyo, la gente, en general, dice sí o no, y pasa a otra cosa. ¿Nadie se da cuenta? No es sólo la cacería, todos esos hermosos ciervos muertos, esos pomposos cazadores indiferentes al dolor que han causado, al paisaje que han roto. Me pregunto qué es lo que nos pasa. La indiferencia. La superioridad. ¿Quién nos creemos que somos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Mejor dicho, ¿por qué no salimos de lo peor que somos? Perdóneme, estoy indignado".
Le dije que era un honor para nosotras hablar con él, que tiene razón y que somos bastantes los que compartimos su indignación, su ira ante la arrogancia y la indiferencia.
No ira como para salir a liquidar vidas. Ira civil.
"¿Ha visto la película The Queen?", continuó el hombre, más calmado. "¿Recuerda el momento en que la mujer y el ciervo se miran, de reina a rey?".
Asentí, sin poder evitar un añadido maléfico: "Bueno, los reyes de dos patas, incluido el nuestro, cazan mucho. Parece que ninguno de ellos haya llorado en su niñez, en el cine, por la muerte del padre de Bambi".
Sonrió el hombre por primera vez, pero con tristeza.
"¿Tiene usted alguna afición que le dé un poco de sosiego?", inquirí. "Mis flores. Cultivo flores".
Ojalá le consuelen.
Hace una semana terminó la temporada de caza con galgo y empezaron las matanzas habituales, los bosques espectrales adornados con el fruto atroz de los perros ahorcados. A veces me entra un desaliento abrumador, un cansancio infinito de ser de este país. De una sociedad bruta e incivil sin tradición en el respeto a los seres vivos. Miren por ejemplo lo que sucede en el Metro de Madrid: El Refugio ha denunciado que los perros utilizados en la seguridad son duramente maltratados. Y lo peor es que muchos maltratadores ni siquiera creen serlo porque no perciben el sufrimiento del animal: así de primitivos y de crueles son. Ese mismo sustrato de insensibilidad hace que el PSOE incumpla descaradamente una promesa electoral sin que pase nada. Porque se comprometieron a elaborar una ley marco de protección animal, pero el Gobierno acaba de declarar que no la hará y que las competencias son de las autonomías (se han presentado 1.300.000 firmas en pro de la ley, pero se ve que les importa un pito).
Sí, es un desconsuelo ser de un país en el que los jueces y los ministros se van de cacería y se hacen petulantes fotos de matarifes. No hablo ya de las repercusiones políticas del encuentro, ni del problema que supondría aceptar, teniendo un cargo público, el supuesto regalo (de muchos miles de euros) de una montería, como decía el sábado un lector en una carta magnífica. Hablo simplemente del mal gusto social, del mal gusto moral, del mal ejemplo de esos prohombres de la patria rodeados de cadáveres (tremenda la foto de Garzón entre decenas de mansos ciervos alineados como los muertos de una masacre anónima); de unos tipos exultantes de sangre y abrazados con ufanía a la escopeta. Ésos no son los dirigentes que yo deseo para España. Pero ya ven, es que el país es así. Por desgracia, todo concuerda.






