miércoles, abril 08, 2009

Ni un día de gracia


Pedimos desde ya su destitución

sábado, febrero 21, 2009

viernes, febrero 20, 2009

Ira civil, Maruja Torres

"Cuando era niño me gustaba la caza. Un día maté una perdiz. Y me curé. No he olvidado su agonía, cómo por mi culpa se extinguió una vida". El hombre hizo una pausa y prosiguió, con los ojos clavados en el camino: "Pensará usted que a qué viene que un taxista le cuente estas cosas, que lo mío es permanecer callado. Pero la he oído comentar ese asunto con su amiga, y no puedo dejar de meterme. Perdóneme, pero no tengo con quién hablar. Mis hijos van a lo suyo, la gente, en general, dice sí o no, y pasa a otra cosa. ¿Nadie se da cuenta? No es sólo la cacería, todos esos hermosos ciervos muertos, esos pomposos cazadores indiferentes al dolor que han causado, al paisaje que han roto. Me pregunto qué es lo que nos pasa. La indiferencia. La superioridad. ¿Quién nos creemos que somos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Mejor dicho, ¿por qué no salimos de lo peor que somos? Perdóneme, estoy indignado".

Le dije que era un honor para nosotras hablar con él, que tiene razón y que somos bastantes los que compartimos su indignación, su ira ante la arrogancia y la indiferencia.

No ira como para salir a liquidar vidas. Ira civil.

"¿Ha visto la película The Queen?", continuó el hombre, más calmado. "¿Recuerda el momento en que la mujer y el ciervo se miran, de reina a rey?".

Asentí, sin poder evitar un añadido maléfico: "Bueno, los reyes de dos patas, incluido el nuestro, cazan mucho. Parece que ninguno de ellos haya llorado en su niñez, en el cine, por la muerte del padre de Bambi".

Sonrió el hombre por primera vez, pero con tristeza.

"¿Tiene usted alguna afición que le dé un poco de sosiego?", inquirí. "Mis flores. Cultivo flores".

Ojalá le consuelen.

Desaliento - Rosa Montero

Hace una semana terminó la temporada de caza con galgo y empezaron las matanzas habituales, los bosques espectrales adornados con el fruto atroz de los perros ahorcados. A veces me entra un desaliento abrumador, un cansancio infinito de ser de este país. De una sociedad bruta e incivil sin tradición en el respeto a los seres vivos. Miren por ejemplo lo que sucede en el Metro de Madrid: El Refugio ha denunciado que los perros utilizados en la seguridad son duramente maltratados. Y lo peor es que muchos maltratadores ni siquiera creen serlo porque no perciben el sufrimiento del animal: así de primitivos y de crueles son. Ese mismo sustrato de insensibilidad hace que el PSOE incumpla descaradamente una promesa electoral sin que pase nada. Porque se comprometieron a elaborar una ley marco de protección animal, pero el Gobierno acaba de declarar que no la hará y que las competencias son de las autonomías (se han presentado 1.300.000 firmas en pro de la ley, pero se ve que les importa un pito).

Sí, es un desconsuelo ser de un país en el que los jueces y los ministros se van de cacería y se hacen petulantes fotos de matarifes. No hablo ya de las repercusiones políticas del encuentro, ni del problema que supondría aceptar, teniendo un cargo público, el supuesto regalo (de muchos miles de euros) de una montería, como decía el sábado un lector en una carta magnífica. Hablo simplemente del mal gusto social, del mal gusto moral, del mal ejemplo de esos prohombres de la patria rodeados de cadáveres (tremenda la foto de Garzón entre decenas de mansos ciervos alineados como los muertos de una masacre anónima); de unos tipos exultantes de sangre y abrazados con ufanía a la escopeta. Ésos no son los dirigentes que yo deseo para España. Pero ya ven, es que el país es así. Por desgracia, todo concuerda.

martes, febrero 17, 2009

Cacería, Manuel Vicent

Un ministro de Justicia de cualquier país, de cualquier ideología, con una escopeta o con un rifle de mira telescópica en la mano, apuntando a un ciervo, a un muflón, a un guarro, a un conejo o a una perdiz es una imagen que le deja a uno desarmado. Si encima ese ministro de Justicia es socialista y se deja fotografiar rodilla en tierra agarrado con orgullo a las cuernas de un venado, que exhibe un balazo en la frente, entonces esa estampa resulta tan grosera que no da otra opción que la de salir corriendo en dirección contraria.

Juntos, el ministro Bermejo y el juez Garzón han participado en varias cacerías. Puede que lucieran abrigos con fuelles en las axilas y una pluma en el sombrero, que desayunaran migas con chorizo en compadreo con el resto de la cuadrilla, que entonaran a coro la salve de los monteros antes de la matanza. Basta con este pavoneo para merecer la repulsa de gran parte de los ciudadanos, más allá de que trataran o no de apañar algún mejunje judicial entre animales muertos o de que ofrecieran, como membrillos, una baza política a la derecha.

Hay que imaginar al ministro de Justicia con el rifle cargado, bien apalancado en el puesto ante un venado, que se ha destapado entre unos arbustos. A través de la mira telescópica vislumbra en primer plano por un instante sus ojos de terciopelo, su belleza, su inocencia y, no obstante, frente a esa armonía de la naturaleza no duda en apretar el gatillo. Entre gran alborozo recibe la felicitación de los secretarios por ese tiro tan certero y luego marca la culata de la pieza ensangrentada con sus iniciales.

No posee un espíritu muy fino el ministro Bermejo si no es no es capaz de percibir que los ciervos que mata, miran antes la boca de su rifle llorando. Hay que imaginar también al juez Garzón ajusticiando con propia mano a unos venados, que han sido cebados entre alambradas sólo para que después unos señoritos de pelo ensortijado se den el gustazo de llenarles de plomo la barriga.

El ministro Bermejo y el juez Garzón, juntos o por separado, no deberían matar animales, porque el oficio tan delicado de hacer justicia no encaja en una afición tan violenta y antiestética. Es como ver al ministro de Sanidad totalmente borracho. Ése y no otro es el escándalo.

jueves, enero 08, 2009

miércoles, diciembre 31, 2008

Duelo por Palestina


Israel nos regala una entrada de año teñida en sangre de víctimas civiles en una desproporcionadísima interpretación de su derecho a defender su seguridad.

Palestinos cercados por un muro de hormigón, sin alimentos ni medicinas y ahora bombardeados. Haz que tus ventanas también lloren por ellos, cuelga una bandera, un pañuelo palestino en señal de duelo y de protesta.

miércoles, diciembre 03, 2008

Tontos.....

Soy tonta
Ángeles Caso

Resulta, señor Múgica, que soy tonta. Soy tonta porque, aunque me interesa tanto todo lo que tenga que ver con la estética que incluso estudié Historia del Arte, la de los toros me parece rancia, tirando a cursi y desbordante de una repugnante testosterona.
Soy tonta porque siempre les he oído contar a los campesinos de mi tierra que las vacas mugen desesperadas en el momento en que están sacrificando a sus terneros en el matadero. Porque mi larga convivencia con perros y la observación de otros animales me ha hecho llegar a la conclusión de que los mamíferos tienen sensaciones y hasta sentimientos. Y porque los científicos me han hecho saber que el sistema neurológico de los toros es muy parecido al nuestro y, por lo tanto, padecen el mismo dolor que padecería yo misma de tener que soportar encierro, acoso, lanzadas, banderillas y estocadas.
Soy tonta porque mi compañero de columna Manuel Saco me ha informado de las muchas barbaridades a las que son sometidos antes de ser empujados a la plaza. Porque me desagrada que cualquier ser vivo tenga que sufrir torturas. Porque me indigna que esas torturas se conviertan en motivo de alegría, jarana, admiraciones y olés. Y porque me preocupa la salud moral de mis congéneres capaces de disfrutar con la agonía de un animal. También soy tonta porque me ofende que a ese horrible espectáculo de dolor y sangre lo llamen fiesta. Y, para colmo, fiesta nacional, como si los tontos que lo detestamos no fuéramos de aquí.Y soy tonta, señor Múgica, porque me alegro de que usted, taurino, nos desprecie a nosotros, los antitaurinos, y se permita, desde su alto y noble cargo institucional, poco menos que negarnos el pan y la sal. Pero me temo que los tontos somos cada vez más. ¡Vaya país!

lunes, noviembre 24, 2008

Otra ensaladera para España


En un ambiente asfixiante, hostil, sin Rafael Nadal, con todo el mundo dándonos por perdedores, los tenistas españoles se traen a casa la tercera ensaladera de plata tras un fin de semana de infarto y por un incontestable 3 a 1. No hizo falta jugar el último punto pues Verdasco nos dio la victoria en el cuarto partido.
Han estado más que fantásticos! No se puede merecer más un triunfo.
Felicitaciones, campeones!

martes, noviembre 04, 2008

Faltan unas horas


Suerte!

Obama en la arena


Obra de Jorge Rodríguez-Gerada y su equipo, ha conseguido vencer al mal tiempo y hoy luce así en la playa del Forum de Barcelona.

martes, octubre 07, 2008

Todo en la vida tiene su explicación...

Y aquí tenemos las razones de la crisis que nos azota ;)

Alguien tenía que decirlo

En la víspera del 12 de Octubre, nuestra gran fiesta nacional gran.
Mariano Rajoy a Javier Arenas: "Mañana tengo el coñazo del desfile, un plan apasionante"

¡Muy bien! ¡Sí, señor! Por fin un político dice lo que muchos pensábamos.

No lo ha dicho tan bien como Brassens que cantaba aquello de "cuando la fiesta nacional yo me quedo en la cama igual, que la música militar nunca me supo levantar" pero... digamos que lo ha adaptado a los nuevos tiempos... mucho más... ágiles, podríamos decir :-)

Posiblemente, el mayor problema será que nadie se lo esperaba de él y mucho menos sus patrióticos votantes... pero eso ya es otra historia.
A muchos nos ha alegrado el día festivo :-)

miércoles, octubre 01, 2008

martes, septiembre 30, 2008

Guapo hasta morir

Guapo hasta morir
Maruja Torres

Me crucé con él hace más de 30 años. Era hermoso, pero no asustaba 28/09/2008
Era tan guapo que dolía. Deslumbraba. A lo largo de sus muchas vidas -como actor, como productor, como director, como piloto de fórmula 1, como empresario, como filántropo-, lo siguió siendo. Guapo y respetable. No se puede pedir más. O sí: que fuera eterno. Pero bien sabemos que eso no es posible. Recuerdo su irrupción en las salas de estreno de este país. Le recuerdo en Hud, en mangas de camisa, sujetando con el pulgar una chaqueta sobre sus espaldas, turbando a la madura Patricia Neal. El hombre que llega, que trastorna, el hombre que se marcha. Para ella un solo hombre y La ciudad frente a mí no eran obras maestras pero él aportaba su fuerza y su vulnerabilidad. Su dignidad, que aportó a todos sus personajes. El más confuso personaje suyo de aquellos años fue, sin duda -y gracias a la censura de Hollywood- el protagonista de La gata sobre el tejado de zinc. Pero cómo comprendíamos a aquella Liz Taylor que -recién enviudada de Michael Todd en la vida real- reptaba por los lechos intentando merecer sus atenciones. Podía hacer de vulnerable gigoló en Dulce pájaro de juventud o de inconformista sureño en Desde la terraza y en El largo y cálido verano, y, suprema y excelsamente, de perdedor en El buscavidas. Nos daba igual. Todas las películas tenían una enjundia u otra. No sólo estaba allí para lucir su bello rostro, su cabeza perfecta, su sonrisa irónica, sus ojos como piedras lunares.
Bien, él no estaba allí para arrebatar, sino por otra cosa. Amor al arte, quizá. Da la impresión -como subrayó el guionista y escritor William Goldman-, de que tal vez "Paul Newman no piensa realmente que es Paul Newman". Con el tiempo se lanzó a la producción, la dirección, los Oscar que obtuvo, el partido que le sacó a su mujer, la sublime Joanne Woodward -Rachel, Rachel: una pequeña joya-, las carreras de coches, el aliño de vinagre y aceite envasado y otras producciones simpáticas, cuyos beneficios han ido siempre a parar a causas justas... Su liberalidad política, firme pero discreta, su saber estar, que ha mantenido hasta la muerte.
Y todo eso sin dejar de ser tan hermoso como un dios griego. Coqueto, también -es sabido que cada día sumergía la cara en un baño de hielo: ya quisiera ver el resultado en otros-, y también impenitente bebedor de cervezas, un promedio de a caja por día: me gustaría también saber qué tripa resiste semejante aprovisionamiento.
Además, sensible. Además, valeroso. Antisistema pero sin ofender, degustador de Europa, y, queridos, esto es lo mejor de todo, casado con la mujer de su vida y para los restos. Os parecerá una intemperancia que destaque este valor, aparentemente conservador, entre sus rasgos. Pues no. Aparte de que siempre he creído que era ella quien le ataba -la señora Woodward es una de las actrices más excepcionales, cultas e irónicas que el profundo Sur ha dado al mundo-, semejante característica, la fidelidad, era uno de los picos de su personalidad que más admirábamos quienes le seguíamos. Porque las damas bien nacidas somos tan contradictorias que, secretamente, despreciamos a un hombre capaz de traicionar a su esposa con nosotras. O con cualquiera.
Era un hombre íntimo, que supo envejecer, como he escrito arriba, con belleza y dignidad. En su ocaso -vital, nunca como actor- eligió películas que también reflejaban una puesta u otra de sol: Camino a la perdición es mi favorita. Aunque, sádicamente, me gusta verle, guapo y pimplando birras, en Mensaje en una botella, esa tontería llena de colorido azul que sólo le sentaba bien a él, mientras Kevin Costner intentaba pasar a la historia de la cursilería, con bastantes posibilidades, por cierto.
Para mí, el mejor Newman está en dos películas de gigantesca estatura moral: Ausencia de malicia, de Sidney Pollack, y Veredicto final, de Sidney Lumet. Si quieren saber quién fue el actor que acaba de morir pero no de desaparecer, revísenlas. O véanlas por primera vez. Ése es Paul.
Me crucé con él y Woodward en un pasillo, en Cannes, hace más de 30 años. Llevaba las gafas de sol colgando de la oreja por la patilla. Era hermoso, pero no asustaba.

sábado, septiembre 27, 2008

Un mal día para el cine


Para el cine y para el mundo en general.
Paul Newman se ha marchado. Inolvidable, sin duda, uno de los más grandes.
Hoy el mundo es un poco más gris sin él.

miércoles, julio 23, 2008

Unas cifras vergonzosas

Fuente: http://www.abandonados.org/noticia.php?tema=abandonos2007


MÁS DE 100.000 PERROS Y 24.000 GATOS FUERON REGOGIDOS EN LAS CALLES EN 2007
Madrid, 17 jul (EFE).-

Ayuntamientos y asociaciones protectoras de animales recogieron durante el año pasado cerca de 109.000 perros y 24.000 gatos que estaban perdidos en las calles españolas o abandonados por sus dueños, según el informe anual de la Fundación Affinity.
El estudio revela que las comunidades autónomas donde se recogieron más mascotas fueron Andalucía, Madrid y Cataluña, mientras que Cantabria, Aragón, Asturias y La Rioja son las regiones en las que se abandonaron menos animales de compañía.La directora de Affinity, María Azcagorta, ha destacado durante la presentación del estudio que "en España hay un índice de abandono de mascotas mucho más elevado que en el resto de Europa, sobre todo respecto a los países del norte," y ha subrayado que "en Alemania no existe esta práctica e incluso adoptan los perros que son abandonados por los españoles".Además, Azcagorta ha resaltado que "no hay un mayor abandono en verano" que en otras épocas del año, sino que "la incidencia de esta problemática se mantiene en la misma proporción durante todo el año".
Respecto a los motivos del abandono, el informe indica que la mayoría de los dueños lo hace por falta de interés por el animal, por problemas de alergia o tras el nacimiento de un hijo.Otros causas generalizadas son la mudanza a un piso más pequeño, problemas de comportamiento del animal o fallecimiento del propietario.Ante estos datos, Azcagorta ha subrayado la importancia de "plantarse todas las consecuencias que conlleva tener una mascota", ya que "los animales también se hacen mayores y requieren cuidados físicos y emocionales durante toda su vida".

lunes, julio 21, 2008

Final del curso...

No puedo estar más de acuerdo con este artículo de Javier Marías.. creo que yo también necesito vacaciones o empezaré a decir lo mismo que Audrey Hepburn en Charada.... ;-)

.....

No poder con el alma
JAVIER MARÍAS 20/07/2008

No conozco a nadie que, llegado a esta altura del curso, no esté absolutamente reventado y para el arrastre. Da lo mismo a qué se dedique, qué profesión tenga y cuál sea su grado de responsabilidad; que trabaje como autónomo o por cuenta ajena, en casa o en una oficina, que sea asalariado, jefe o directamente dueño de su negocio, que gane poco o mucho, es indiferente. Nadie puede ya con su alma, pese a los numerosísimos –pero frenéticos– puentes que existen en nuestro país y que jalonan todo el año. Algo funciona mal, y para mí es, principalmente, que hoy la gente no para nunca del todo o no sabe hacerlo, ni siquiera durante los fines de semana, cada vez más ocupados por actividades que más bien parecen obligaciones: hay que divertirse a toda costa, y ha de ser por ahí, en la calle, como si se hubiera olvidado que uno puede divertirse muchísimo en casa, leyendo, viendo películas, en todo caso sin agotarse también en el recreo.
Y de los que son padres no hablemos: tras deslomarse durante cinco días, vuelven a deslomarse durante los dos restantes intentando distraer a sus críos, procurando que no se aburran ni un minuto, porque eso, el supuesto aburrimiento (lo que más agudiza la imaginación, por cierto), se ha convertido en uno de los pecados más imperdonables de nuestra sociedad. Así que los pobres progenitores corren de aquí para allá, esclavizados por sus hijos: que si un parque de atracciones, una excursión, un desfile, una sesión de magia, un cumpleaños siempre multitudinario, lo que encuentren o lo que les exijan los pequeños tiranos mal acostumbrados.
La gente nunca para, en gran medida, porque tiene móvil y ordenador, y esa es la razón por la que yo carezco de lo uno y de lo otro. No estoy dispuesto a que cualquier majadero me interrumpa mis actividades, mis pensamientos o mis musarañas, esté donde esté. No deseo “estar conectado”, ni enterarme de todo en seguida. Nada me resultaría más atroz que estar localizable siempre, o que recibir más llamadas y cartas y publicidad y tonterías de las que ya me llegan a través del teléfono fijo, el fax y el correo ordinario.
Me alcanzan por demasiados conductos (mi agente literaria, este diario, las editoriales que publican mis libros, ahora la Real Academia Española, el Reino de Redonda, la antigua casa de mi difunto padre, por la que sólo voy de tarde en tarde), y lo último que quisiera es abrir nuevas vías. Pero no se trata de mí, que al fin y al cabo escribo novelas y artículos y soy, supongo, lo que se llama “una persona pública”. Veo que lo mismo les sucede a todos mis conocidos, a gente cuya tarea no trasciende el ámbito privado y que aun así viven acosados. No paran, están agobiados (la burocracia escandalosa a que nos obligan hoy nuestras autoridades despóticas no nos permite a ninguno levantar cabeza), y la mayoría suscribiría aquella frase de Audrey Hepburn a Cary Grant al principio de Charada, cuando él quiere entablar amistad y ella le contesta, más o menos: “Conozco ya a multitud de personas, y mientras no muera alguna de ellas me resulta de todo punto imposible conocer a nadie nuevo”. “Trabajar cansa” es una sencilla y sin embargo famosa cita del italiano Cesare Pavese. Lo cierto es que también hablar cansa, sobre todo sin ton ni son o para rehuir la soledad y el silencio, y en eso consiste hoy, en gran medida, el trabajo de cualquier individuo. No es raro que la última anotación de El oficio de vivir, el diario del propio Pavese, justo antes de ingerir barbitúricos en un hotel de Turín, fuera: “No palabras. Un gesto. No escribiré más”.
Ahora bien, yo no sé si es que toda la gente que trato es muy activa y laboriosa. Porque a la vez que veo a mi alrededor, cuando llega julio, este panorama de seres extenuados, también se oye el vocerío de masas a las que parecen sobrarles las energías y el tiempo. Hay colas monstruosas para todo, para lo que vale la pena y para cualquier unga-unga de descerebrados. Para las exposiciones de los museos y para las mamarrachadas callejeras (ya saben, juglares, mimos y festejos veraniegos se llevan la palma). Para los conciertos de rock y para ver a la Guardia ante el Palacio Real, ese nuevo espectáculo copión del Ayuntamiento madrileño. Las muchedumbres se agolpan para admirar a tíos sudorosos el Día de la Maratón Sudorosa, o a tíos malolientes en bici el Día de la Maloliente Bici, o a gañanes borrachos en los sanfermines.
La sensación que uno acaba teniendo es que una parte de la población se mata a trabajar –desde luego los inmigrantes honrados– para que otra no dé un palo al agua. Algo va mal, y además los Gobiernos nos vuelven locos: tras decenios convenciendo a los ciudadanos de que debían prejubilarse cuanto antes, porque nos encaminábamos hacia la “sociedad del ocio”, ahora, como señalé aquí hace dos domingos, los desvergonzados Ministros de Trabajo europeos pretenden colarnos semanas de sesenta o más horas laborales, arrebatándonos derechos antiguos conquistados con sangre en su día, y sin que los miserables sindicatos actuales hayan convocado una sola manifestación ni huelga contra semejante medida decimonónica. En lo que nadie ha reparado, además, es en que quienes trabajarían esa insana cantidad de horas serían sólo los que ya sostienen toda la economía, esa parte de la población que no puede ya con su alma, y en la que figuran todos mis conocidos.

miércoles, julio 16, 2008

Más sobre la vergonzosa directiva

La directiva de la infamia
Santos Juliá 13/07/2008

Dicho de la manera menos demagógica posible: el Parlamento Europeo ha aprobado, por resolución legislativa del 18 de junio, una directiva que establece la posibilidad de internar en centros penitenciarios por un plazo de seis meses, ampliable 12 meses más, a los nacionales de terceros países que sean objeto de procedimientos de retorno. Al establecer esta posibilidad, los parlamentarios europeos han tenido la delicadeza de aclarar que estos nacionales que sean internados en cárceles estarán separados de los presos ordinarios y gozarán de control judicial de su situación lo más rápidamente posible desde el comienzo de su internamiento. Han mostrado también una sensibilidad a flor de piel al disponer que los menores internados puedan participar en juegos y actividades recreativas adecuados a su edad.
Hay que restregarse los ojos para creer lo que se está leyendo, pero lo arriba transcrito es cita literal de parte de los artículos 15, plazo de internamiento de seis meses prorrogable por otros 12 meses más; 16, posibilidad de utilizar las cárceles; 17, internamiento de menores no acompañados, y 18, periodos más largos que lo más rápidamente posible para el comienzo del control judicial. Dejando de lado esta última virguería, propia de rábulas redomados, si hay alguna demagogia en todo esto es la cometida por los parlamentarios al aprobar una directiva que trata peor que a delincuentes a los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en el territorio de un Estado miembro, a los que por un procedimiento administrativo se les puede encerrar en una cárcel por un periodo de 18 meses.
Contaba una crónica del reciente congreso del PSOE que, en medio del jolgorio general, un delegado comentaba en voz lastimera que los socialistas no habían sabido explicar esta directiva del retorno, y que Leire Pajín, paradigma de renovación dentro de la renovación, le dijo: sí que es verdad, no lo hemos sabido explicar. ¿No lo han sabido explicar? ¿Cómo es eso? ¿Acaso no lee la flamante secretaria de organización del PSOE las declaraciones de su secretario general y presidente del Gobierno de España? Pues claro que lo han sabido explicar; demasiado bien lo han sabido explicar: la directiva europea es progresista. Eso es lo que dice el presidente del Gobierno: que la directiva es PRO-GRE-SIS-TA. También hay que restregarse los ojos para creerlo.
Pero puesto que estamos metidos en un acto de fe, vamos a creerlo. Vamos a creer que esta directiva es progresista y que quienes la han criticado lo han hecho por "ignorancia supina o demagogia irresponsable". Vale: lo dice el presidente, y el presidente es un hombre honrado. Pero al explicar por qué la directiva es progresista y los críticos son ignorantes y demagogos, el presidente incurre en una pequeña falacia. Hasta ahora -dice- había nueve Estados de la UE que no guardaban plazos, ni establecían garantías jurisdiccionales para los nacionales de otros países en situación ilegal, ni nada de nada. Con la directiva habrá un plazo que nadie podrá superar. Tal es la explicación del avance progresista que Leire Pajín no supo ofrecer al delegado.
Volvamos a los hechos, única manera de responder a la fea costumbre de descalificar al crítico llamándole ignorante y demagogo: salvo dos diputados que votaron en contra, la representación del PSOE en el Parlamento Europeo ha votado a favor de una directiva que permite -¡pero no impone!, dicen las almas benditas, preservando así su buena conciencia- a los Estados miembros de la UE internar en una cárcel durante 18 meses a personas que no han sido procesadas por ningún delito. Es posible -y válido para el argumento- que, antes de esta directiva, nueve Estados tuvieran encerrados en pocilgas a los inmigrantes ilegales durante dos, tres o más años, sin procesarlos ni expulsarlos. Ahora, si para limitar el plazo de esta flagrante violación de derechos humanos se aprueba una directiva que permite a todos los Estados encerrar a esos inmigrantes durante 18 meses, entonces habremos reducido el nivel de infamia de unos Estados por el procedimiento de elevar el nivel de infamia de todos los demás. Éste es el hecho. Y este hecho, sencillamente, no tiene explicación, aunque el presidente, que es un hombre honrado, llame demagogos e ignorantes a quienes se preguntan si para aprobar este tipo de directivas merece la pena votar, primero, y mantener, después, a la clase política más costosa, mejor pagada y más viajada que nos representa en el Parlamento Europeo.

sábado, julio 12, 2008

Un paseo por Europa







La vieja Europa y la cara que no nos quieren enseñar. La que los políticos encierran bajo eufemismos y que encima pretenden vendernos como "medidas progresistas".
Esta es la realidad con la que muchas veces se encuentran quienes vienen aquí en busca de un futuro.
Campos de detención de inmigrantes ilegales en, por este orden, Melilla (España), Inglaterra, París (Francia), Grecia, Bélgica.... imágenes bastante alejadas de las que nos venden las agencias de viaje, verdad?